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El Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao (Zinebi 55) concede a los cineastas Agustín Díaz Yanes y Manuel Gutiérrez Aragón los premios Mikeldi de Honor de su 55ª edición

Más información: www.zinebi.com

El Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao (ZINEBI 55), que tendrá lugar entre el 15 y el 22 de noviembre, va a entregar su distinción más especial, los premios Mikeldi de Honor, a dos directores de destacada y reconocida trayectoria cinematográfica: Agustín Díaz Yanes y Manuel Gutiérrez Aragón.

El primer Mikeldi de Honor, citándolos por orden de entrega, lo recogerá Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) durante la ceremonia inaugural de ZINEBI 55, que tendrá lugar el viernes día 15 de noviembre en el Teatro Arriaga. El festival arrancará así con un reconocimiento a la labor y trayectoria de un cineasta cuya filmografía, aunque se caracteriza por su brevedad, está cargada de una gran intensidad dramática y de brillantes recursos y hallazgos estilísticos, lo que convierten a Agustín Díaz Yanes es uno de los cineastas más personales y reconocibles de entre los surgidos en el cine español de las últimas décadas.

Se trata de un creador nada condescendiente, que pone sobre el tapete, generalmente en formato thriller, problemas cruciales de la existencia humana: la dualidad de los comportamientos humanos (el Bien y el Mal), la injusticia del sistema capitalista, la lucha de los vencidos, la dignidad de la derrota, etc. Hablamos, en suma, de todo un resistente, lo cual resulta especialmente meritorio en los tiempos que vivimos, y sobre todo de un gran cineasta, sin duda acreedor al reconocimiento que le otorga ZINEBI 55.

Asimismo, el segundo Mikeldi de Honor será entregado exactamente una semana después, en el transcurso de la ceremonia de clausura que se celebrará el viernes día 22 de noviembre, también en el Teatro Arriaga. La distinción irá esta vez a manos del director Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942), un creador siempre rebelde frente a la norma. Su cine no cesa de preguntarse (y preguntarnos) acerca de aquellas cosas que damos por hechas, de aquellos hechos que consideramos inmutables, proponiendo vías alternativas en las que adentrarse o sobre las que reflexionar.

ZINEBI 55 valora y aplaude la desbordante imaginación de Manuel Gutiérrez Aragón y le concede uno de los dos Mikeldis de Honor porque es un cineasta que ha sabido llevar a término uno de los empeños creativos más libres y exigentes del cine español, trabajando siempre con una convicción inquebrantable y también, por ello mismo, con mucha paciencia. Estamos sin duda ante un cineasta virtuoso. De los que ya no quedan.

DATOS BIOGRÁFICOS

Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950)

Licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid en 1970, trabajó como profesor, traductor y crítico literario antes de dedicarse a escribir sus primeros guiones, algunos de ellos llevados posteriormente al cine, tales como los largometrajes Baton Rouge (Rafael Monleón, 1988), escrito al alimón con su director, Belmonte (Juan Sebastián Bollain, 1994), escrito junto al propio director y su hermano Enrique Bollaín sobre la vida del famoso matador de toros sevillano y Al límite (Eduardo Campoy, 1997), escrito con Luis Marías y Carlos Pérez Merinero.

En 1995 escribe el guión y dirige su primer largometraje, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, que alcanzó una gran repercusión en la crítica y en el público, y le valió los premios Goya de 1996 al Mejor Guión Original y al Mejor Director Novel. Su protagonista, una memorable Victoria Abril, se convirtió desde entonces en una presencia tutelar de su obra posterior. En 2001, con la propia Victoria Abril y Penélope Cruz al frente del reparto, rodó su segundo largometraje, Sin noticias de Dios -una obra muy original atravesada por un sarcástico sentido del humor-, que fue otra vez candidata a once premios Goya de la Academia española. En 2006 comienza el rodaje de Alatriste, una gran producción y un lanzamiento comercial espectacular, ambientada en la España de los Austrias y dedicada a las hazañas y las aventuras del guapo, mortífero y sentimental espadachín del mismo nombre, la brillante y exitosa criatura literaria de Arturo Pérez-Reverte, encarnada en la pantalla por el gran actor neoyorquino Viggo Mortensen. Su última película hasta ahora, Solo quiero caminar (2008), que le valió una nueva candidatura a los premios Goya como Mejor Director, está ambientada, al modo de su admirado Sam Peckinpah, en un topos mexicano concebido, de igual forma que el maestro norteamericano, como una suerte de espacio mítico y un lugar idóneo para la representación de la violencia en estado puro.

Sus películas guardan entre sí un aire de familia y conforman una especie de saga temática en la que no dejan de aflorar de forma recurrente las mismas preocupaciones éticas y estéticas, un universo ficcional que ha encontrado a menudo en el género negro el vehículo ideal para expresarse.

El cine de este realizador inimitable, reflexivo y observador a su modo de los avatares de la Historia y sus ocultaciones y olvidos voluntarios, no esconde, sino todo lo contrario, una opción ideológica y política- que le inclina a observar y a mostrarnos los infortunios de tantos hombres y mujeres que caen al suelo, son capaces de levantarse, luchar a brazo partido y vencer agónicamente poniendo en valor el poder indestructible de la dignidad humana.

El año pasado, en su primer ensayo como novelista, ha publicado Simpatía por el diablo, una narración que es su sincero homenaje a los Rolling Stones y en particular a su archifamosa canción con el mismo título en inglés. El relato, que mantiene algunas de las invariantes éticas de sus películas, hace desfilar por sus páginas a una nutrida nómina de políticos con muy malas artes, incluida la inevitable corrupción, banqueros capaces de todo por la pasta y ciudadanos anónimos que intentan resistir a cualquier precio en una España, como la actual, en la que todo va teniendo muy mala pinta.

Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942)

Viajó en su juventud a Madrid con la intención de ser periodista pero acabó ingresando en la Escuela Oficial de Cinematografía, en la que se graduó por la rama de Dirección en 1970. Tras dirigir algunos cortometrajes, debuta como director de largometrajes, de la mano del productor Elías Querejeta, con Habla, mudita (1973), que obtuvo ese mismo año el Premio de la Crítica del Festival Internacional de Cine de Berlín y fue preseleccionada para el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa; esta opera prima, una sorprendente y profunda reflexión sobre el lenguaje, los límites de la comunicación y las difusas fronteras entre la enseñanza y el adiestramiento, prefigura, como ya antes algunos de sus cortos, lo que van a ser sus constantes temáticas y sus rasgos de estilo más personales y enraizados a lo largo de toda su carrera, como el recurso a la estructura de los cuentos infantiles y las fábulas populares y a ciertos ambientes dramáticos fuertemente relacionados con el mundo de los sueños.

Sin embargo, Manuel Gutiérrez Aragón ha sido siempre un cineasta muy atento y muy pegado al discurrir de los hechos históricos y culturales, en particular los que han jalonado la historia reciente de España. Así, con las insólitas y muy fértiles claves estilísticas mencionadas más arriba, rueda en 1977 Camada negra, una original visión de la (de)formación ideológica de los grupos de jóvenes fascistas en la Transición, que obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Dirección de la Berlinale; Sonámbulos (1978), Concha de Plata al Mejor Director del Festival de San Sebastián y de nuevo preseleccionada para el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa, plantea con extraordinaria lucidez y una puesta en escena muy brillante los titubeos y las crecientes contradicciones de la oposición antifranquista en las postrimerías de la Dictadura; El corazón del bosque (1979) es una reflexión cargada de elementos fantásticos acerca de la tenue frontera entre la rendición y la resistencia armada en los tiempos sombríos de la inmediata posguerra; por su parte, Maravillas (1980), Premio Fotogramas de Plata a la Mejor Película Española en 1981, constituye, en una dirección distinta a las anteriores, con su hondo alcance poético y fabulador, una delicada introspección en los descubrimientos de la adolescencia y en algunos arcanos de la herencia cultural judía que supone una de las claves de nuestra identidad histórica.

Su voluntad de testimonio sobre la oprobiosa época franquista tuvo su continuidad con Demonios en el jardín (1982), Concha de Oro a la Mejor Película en el Festival de San Sebastián, Premio Fotogramas de Plata a la Mejor Película en 1982, Premio FIPRESCI de la Crítica Internacional y Premio David de Donatello de la Academia del Cine de Italia en 1983, y La mitad del cielo (1986), Concha de Oro a la Mejor Película en San Sebastián, Premio Goya a la Mejor Película, Premio Fotogramas de Plata a la Mejor Película y nuevamente preseleccionada para los Oscar en 1986. Mucho más cerca en el tiempo y con esa misma voluntad de testimonio, no ha dudado en abordar otro tema delicado y candente hasta ahora como la actividad de ETA (Todos estamos invitados, 2007), Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine Español de Málaga de 2008. Su cinematografía incluye también dos raras incursiones en territorios fílmicos para él poco frecuentados: La noche más hermosa (1984), una insólita comedia con una puesta en escena que refleja la eclosión por esos años de cierta estética postmoderna, y Malaventura (1988), acaso la más incomprendida de sus películas, una ficción incatalogable, rayana en la abstracción y ambientada en una Sevilla paradójicamente nocturna, vacía y espectral.

Manuel Gutiérrez Aragón también se ha ensayado como dramaturgo y director teatral. En 1979 dirigió la versión de Peter Weiss sobre El proceso, de Franz Kafka, escribió para el Centro Dramático Nacional y dirigió su obra titulada Morirás de otra cosa (1982) y en 1998 dirigió dos óperas sobre textos de García Lorca que se representaron en el Festival de Teatro de Granada, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y en el Teatro de La Fenice de Venecia. Como novelista, ganó el Premio Herralde de Novela en 2009 con La vida antes de marzo y recientemente ha publicado Gloria mía (2012) y Cuando el frío llegue al corazón (2013).